Guía completa · Ciclismo
Tus primeros 160 km en bici: guía y plan de preparación
Completar 160 km no va de salir fuerte, sino de acumular fondo, comer a tiempo y llegar con una estrategia sencilla. Esta guía te ayuda a preparar una marcha ciclista con un plan realista, desde la elección del reto hasta la recuperación final.
30 sept 2026 · 31 min · Por K, el coach con IA de TNK

Lo clave
- Elige una marcha cuya distancia, desnivel y tiempo estimado encajen con tu punto de partida, no solo con tu motivación.
- Construye el fondo con una salida larga semanal fácil y aumenta su duración de forma gradual.
- Mantén la mayor parte de tus kilómetros a un esfuerzo conversacional; usa las sesiones intensas con propósito.
- Prueba en los entrenamientos toda tu estrategia de comida, bebida, ropa y material.
- El día de la marcha, regula desde el inicio: come y bebe antes de tener hambre o sed.
11. Define el reto que sí puedes terminar
Tu primer reto de 160 km no se elige por una cifra redonda ni por lo bien que queda en una inscripción. Se elige por la probabilidad de que llegues al final con margen: comiendo, bebiendo, tomando decisiones seguras y sin convertir los últimos kilómetros en una supervivencia. La distancia importa, pero no explica toda la exigencia. Un recorrido de 160 km bastante llano, con asfalto fluido y paradas accesibles puede ser un gran debut. La misma distancia, con puertos largos, firme roto, viento expuesto o calor, exige otro nivel de preparación. Tu objetivo principal es simple: terminar con control. No demostrar nada en la primera hora.
Antes de apuntarte, abre el recorrido completo y léelo como un ciclista, no como un espectador. Mira los kilómetros totales, el desnivel acumulado y, sobre todo, dónde está ese desnivel. Dos puertos al principio no se gestionan igual que una subida dura en el km 130. Revisa si las carreteras son estrechas, si hay tramos de grava, bajadas técnicas, cruces urbanos o zonas sin sombra. Comprueba el clima habitual de la época, pero prepara también un plan para frío, lluvia, calor o viento. Busca la ubicación y el horario de los avituallamientos, qué ofrecen realmente y qué distancia hay entre ellos. Si dependes de ellos para todo, vas justo. Llega con comida y agua suficiente para cubrir un tramo más largo de lo previsto.
Ahora compara el reto con tu realidad reciente. Anota la salida más larga que has hecho en las últimas seis semanas, cómo acabaste y qué ocurrió al día siguiente. Cuenta también tus horas disponibles, no las horas ideales. Para preparar bien una marcha larga, el texto de referencia plantea entre 4 y 6 días de bici por semana, unas 5 a 12 horas semanales, y varios fines de semana con salidas de 4 a 6 horas al acercarse el evento. No es una obligación rígida; es una prueba de realidad. Si hoy solo puedes sostener dos salidas cortas y no tienes margen para ampliar algún fin de semana, quizá convenga elegir una ruta más corta, menos montañosa o una fecha posterior. Elegir bien no es rebajar el reto. Es construir una victoria probable.
Da preferencia a una fecha que te permita preparar 12 semanas consistentes. Si ya ruedas con regularidad y tienes una base sólida, puedes progresar desde ahí; si vienes de un parón, evita comprimirlo todo en pocas semanas. También cuenta la logística como carga real: viaje, alojamiento, recogida de dorsal, hora de salida, acompañantes, transporte de la bici y vuelta a casa. Una marcha local reduce incertidumbre y te permite conocer el terreno. Una ruta en otro lugar puede motivarte mucho, pero requiere más planificación y deja menos espacio para improvisar. En TNK puedes revisar tus salidas importadas de Wahoo o Zwift para mirar continuidad, duración y cómo respondes tras los rodajes largos. Las rutas de ciclismo de tnk.training/rutas también pueden ayudarte a encontrar terreno parecido al de tu objetivo.
Define tres niveles de meta. La meta A es acabar con control, sin vaciarte antes de la parte final y con capacidad para mantener la atención en la carretera. La meta B es ejecutar tu plan: completar las salidas clave, practicar la comida y bebida en movimiento, y hacer al menos algunas rutas con un perfil parecido. La meta C puede ser un tiempo orientativo, pero solo después de estudiar desnivel, viento, paradas y tráfico; nunca lo conviertas en una obligación que te haga salir demasiado fuerte. Añade una meta de proceso medible cada semana: por ejemplo, una salida larga completada a esfuerzo fácil, una práctica de avituallamiento o una sesión de subida con cadencia estable. Si usas RPE, la mayor parte de tu volumen inicial debe sentirse en torno a 3-4 sobre 10: puedes hablar en frases completas y acabas con ganas de seguir un poco más.
Escribe tu decisión en una frase concreta: “Elijo esta ruta de 160 km, en esta fecha, porque puedo entrenar de forma constante durante 12 semanas y mi prioridad es terminar con control”. Debajo, deja por escrito tus condicionantes: horas semanales reales, salida larga disponible, desnivel, clima probable y plan de transporte. Revisa esa hoja cada dos semanas. Si falta constancia, ajusta pronto la distancia, la fecha o la ambición de ritmo; no esperes a la semana final. Y si tienes dolor persistente, una lesión o cualquier problema de salud que limite el entrenamiento, consulta con un profesional sanitario antes de aumentar la carga. Un objetivo bien elegido te da dirección. El resto de la preparación consiste en llegar a él paso a paso.
22. Punto de partida y hoja de ruta de 12 semanas
Antes de escribir una sola sesión, mira las últimas cuatro semanas tal como han sido, no como te habría gustado que fueran. Apunta cuántos días montaste, horas totales, duración de la salida más larga, desnivel habitual y cómo acabaste esas rutas: entero, muy cargado o vacío. Añade tus límites reales: días de trabajo largos, familia, desplazamientos, rodillo disponible y tiempo que puedes proteger el fin de semana. Para preparar 160 km, la continuidad vale más que una semana heroica seguida de dos semanas sin bici. Si ahora haces dos salidas de 45 minutos y una de dos horas, ese es tu punto de partida. No copies la agenda de quien ya rueda cinco días por semana.
Define dos objetivos. El principal es terminar los 160 km con control, sin convertir los últimos kilómetros en una lucha de supervivencia. El segundo debe depender de ti: completar la mayoría de semanas previstas, mantener la salida larga a esfuerzo sostenible o practicar la ingesta durante las salidas. Evita basarte solo en una velocidad media. El viento, el grupo, las paradas y el perfil cambian mucho el resultado. Si tienes registros de Wahoo o Zwift, revísalos para detectar tu rutina real, no para juzgarte. En TNK puedes importar esas salidas y seguir el plan de K de ciclismo; úsalo como estructura que se adapta a tu agenda, no como un examen que hay que aprobar.
Ordena las 12 semanas en tres bloques. Semanas 1 a 3: construye frecuencia y tiempo fácil. Sube primero una salida corta entre semana o alarga ligeramente la salida larga, pero no todo a la vez. Una referencia prudente es aumentar el tiempo semanal hasta alrededor de un 10% si estás recuperando bien. Semanas 4 a 7: consolida el volumen y añade una sesión de calidad breve por semana si ya toleras bien las salidas fáciles. Semanas 8 a 10: haz el trabajo más específico para la marcha, con varias salidas largas progresivas y terreno parecido al que encontrarás. La semana 11 reduce claramente el volumen, manteniendo algún toque corto de intensidad. La semana 12 es la marcha y su recuperación, no una oportunidad para ganar forma.
La salida larga manda el plan, pero no necesita alcanzar 160 km. Progresa desde lo que ya haces: si tu máximo actual es dos horas, busca primero repetirlo sin acabar destruido; después llévalo hacia dos horas y media, tres y, según tu nivel y terreno, cuatro o más. Como referencia útil, antes del reto conviene haber completado una salida de entre la mitad y cuatro quintas partes del tiempo que calculas que te llevará la marcha. Haz esa progresión con calma. Una persona con poco margen semanal puede llegar con dos o tres salidas bien elegidas; quien dispone de más tiempo puede sumar rodaje suave. En ambos casos, el error es convertir cada día en una prueba.
Cada tres semanas de carga creciente, programa una semana de descarga o adelántala si el cuerpo lo pide. Recorta aproximadamente un cuarto o un tercio del tiempo total, mantén rutas sencillas y elimina la sesión dura si notas fatiga acumulada. Señales prácticas: piernas pesadas varios días, sueño peor, irritabilidad, pulso inusualmente alto para un esfuerzo fácil o incapacidad de sostener tus ritmos habituales. No intentes recuperar una sesión perdida apilando entrenamientos. Reorganiza la semana, cambia un día por rodillo si el tiempo se tuerce o deja pasar el entrenamiento. Una ausencia de pocos días no destruye tu preparación; forzar cuando estás enfermo o con dolor sí puede alargar el problema. Ante dolor persistente, lesión o cualquier problema de salud, consulta a un profesional sanitario.
Deja el calendario listo hoy. Marca las salidas largas de las próximas 10 semanas en los huecos más protegidos y reserva alternativas de 60 a 90 minutos para los días complicados. Busca en tnk.training/rutas recorridos de ciclismo que te permitan acercarte de forma gradual al desnivel y al tipo de carretera de tu reto. Al final de cada semana, revisa tres cosas: tiempo completado, sensación de fatiga y si la logística funcionó. Si una semana se complica, conserva una salida fácil y la larga si puedes; recorta la calidad antes que el descanso. Un plan de 12 semanas no exige perfección. Exige decisiones sensatas repetidas suficientes veces.
33. El motor: rodar fácil para aguantar lejos
Tu motor para 160 km no se construye ganando cada salida. Se construye acumulando horas que puedes repetir semana tras semana. La mayor parte de esos kilómetros debe sentirse controlada: respiración estable, hombros relajados y piernas trabajando sin quemazón continua. La prueba más útil no necesita dispositivo: puedes hablar en frases completas sin cortar cada pocas palabras para coger aire. Si solo puedes responder con frases muy cortas, baja una marcha, afloja la presión sobre los pedales o reduce el ritmo. Ese ajuste no es rendirse. Es entrenar exactamente la capacidad que te permitirá seguir pedaleando cuando la ruta ya lleve muchas horas.
Usa una escala simple de esfuerzo percibido, del 1 al 10. En una salida de resistencia busca normalmente un RPE 3 a 4: notas que haces ejercicio, pero podrías mantenerlo mucho tiempo. En llano, el pedaleo debe parecer casi demasiado fácil al principio. En una subida, cambia antes de que se dispare el esfuerzo y acepta ir despacio. Si llevas pulsómetro o potenciómetro, úsalos como referencias secundarias, no como pilotos automáticos. El viento, el calor, el sueño, el estrés y la fatiga cambian la respuesta del cuerpo. Las sensaciones mandan: un día en que tu ritmo habitual exige más respiración o tensión merece bajar el plan, no forzarlo.
La trampa habitual es convertir cada salida en un esfuerzo medio-alto. Ese ritmo da sensación de trabajo y permite volver a casa rápido, pero deja poca frescura para sumar volumen y para realizar con calidad los días duros que toquen. Separa los objetivos. Los días fáciles son fáciles. Las sesiones exigentes, cuando estén programadas, tienen un bloque concreto y después recuperación. No persigas a cada ciclista, no uses cada repecho como un test y no intentes compensar una salida perdida acelerando la siguiente. Para preparar 160 km, la consistencia supera a las heroicidades aisladas.
En la práctica, deja que el volumen crezca de forma gradual. Como regla orientativa, no subas la duración total semanal más de alrededor de un 10% de una semana a la siguiente. Si vienes de dos horas semanales, añade pocos minutos, no otra salida épica. Si ya toleras cuatro o cinco horas, aumenta una parte de la salida larga o incorpora un rodaje suave corto. Cada tres o cuatro semanas, recorta el volumen durante unos días para asimilar. La salida larga crece con paciencia: añade entre 15 y 30 minutos cuando la semana anterior haya terminado con buenas piernas, sueño normal y ganas de volver a montar.
Una estructura sencilla protege ese motor. Reserva una salida larga y tranquila; añade una o dos salidas cortas de resistencia; y deja al menos un día sin bici o de recuperación real. Si incluyes una sesión de calidad en otra parte del plan, mantén muy suaves las 24 horas previas y posteriores. En semanas con trabajo, familia o mal tiempo, conserva primero la salida larga y una salida fácil, y reduce lo accesorio. En TNK puedes revisar las salidas importadas de Wahoo o Zwift y compararlas con el plan de K, pero no necesitas perseguir números perfectos. Busca una señal más importante: terminar la mayoría de tus rodajes con la sensación de que aún podrías continuar un poco. Si aparece dolor persistente, fatiga desproporcionada o un problema de salud, consulta con un profesional sanitario antes de seguir aumentando la carga.
44. Semana tipo: fondo, calidad y descanso
Una semana útil no es la que llena todos los huecos de tu agenda. Es la que puedes repetir, recuperar y sostener durante meses. Para preparar 160 km, ordena tus prioridades así: una salida larga, una sesión de calidad y el resto de tiempo fácil o de descanso. La salida larga construye la tolerancia a estar muchas horas sobre la bici. La calidad eleva tu capacidad de mantener un esfuerzo firme cuando ya llevas kilómetros. Los rodajes suaves suman práctica sin dejarte vacío. El descanso permite que todo eso se convierta en adaptación. Si solo puedes elegir tres días, no intentes copiar la semana de quien pedalea cinco.
Con tres días, una estructura simple funciona muy bien: martes de calidad, jueves fácil y sábado o domingo de fondo. Deja al menos dos días sin otro esfuerzo duro después de los intervalos. Por ejemplo, el martes haz 15 minutos de calentamiento fácil, luego 4 series de 5 minutos a RPE 7 sobre 10, con 4 minutos muy suaves entre ellas, y termina rodando tranquilo hasta completar 60 a 75 minutos. El jueves pedalea de 45 a 75 minutos a RPE 3 o 4: puedes hablar con frases completas. El fin de semana reserva la salida larga a RPE 3 o 4. Empieza con una duración que recuperes bien y alárgala de forma gradual.
Con cuatro días, añade un rodaje de recuperación de 30 a 60 minutos a RPE 2 o 3, o una segunda salida fácil de 60 a 90 minutos. Con cinco, mantén solo una sesión realmente exigente y usa los otros días para sumar volumen controlado. Una semana de cinco días podría quedar así: lunes descanso, martes calidad, miércoles 45 a 60 minutos fáciles, jueves 60 a 90 minutos de resistencia suave con algunos cambios de cadencia, viernes descanso, sábado fondo y domingo 45 a 75 minutos muy suaves. Si el domingo te deja pesado para el martes, no es recuperación: recórtalo o elimínalo.
Los cambios de cadencia son una herramienta limpia para trabajar la coordinación sin convertir cada salida en una batalla. En un rodaje fácil, tras 15 minutos de pedaleo tranquilo, haz cada cinco minutos una aceleración de cadencia de 45 a 60 segundos. Usa un desarrollo ligero y sube progresivamente hacia 110 a 125 revoluciones por minuto, sin que la respiración se dispare. Vuelve a tu cadencia cómoda después de cada repetición. Empieza con pocas repeticiones. El objetivo es mover las piernas más rápido con control, no ganar una serie de sprint ni acabar con las piernas bloqueadas.
No aumentes a la vez los días de bici, la duración del fondo y la dureza de los intervalos. Elige una sola variable cada vez. Una pauta práctica es acumular tres semanas en las que subes poco a poco el tiempo total o la salida larga, y hacer una cuarta semana más ligera. Reduce entonces la duración total y, si notas fatiga acumulada, también la exigencia de la sesión de calidad. Mantén algo de bici fácil para no perder la rutina. Llegar con ganas de entrenar a la semana siguiente vale más que exprimir una sesión extra.
Sustituye el entrenamiento previsto por recuperación activa cuando te notes inusualmente cansado, con sueño pobre, piernas pesadas desde el calentamiento o incapaz de mantener un ritmo fácil que normalmente controlas. Haz 30 a 45 minutos muy suaves, camina o descansa por completo. No necesitas “recuperar” la sesión perdida al día siguiente. Reorganiza la semana y protege primero el fondo y una sola sesión de calidad cuando estés listo. Si aparece dolor persistente, una molestia cambia tu forma de pedalear o tienes dudas de salud, para y consulta a un profesional sanitario. La constancia nace de saber frenar a tiempo.
55. Entrena para el perfil: puertos, cadencia y terreno real
No prepares 160 km como si todos los recorridos fueran iguales. Mira el desnivel acumulado, la longitud de las subidas, su pendiente media y máxima, dónde están situadas y la exposición al viento. Un recorrido llano y abierto puede desgastarte tanto como uno con puertos si ruedas demasiadas horas contra el aire. Si hay repechos al final, llegarás con las piernas ya vacías. Busca rutas parecidas a tu reto durante las 12 semanas: no hace falta copiar cada kilómetro, pero sí acostumbrarte al tipo de esfuerzo que te espera. Incluye también terreno irregular, cambios de dirección y firme real. El rodillo ayuda a controlar una sesión; la carretera te enseña a gestionar inercia, viento, trazada, cambios y comida mientras pedaleas.
Para un perfil con puertos largos, construye primero la capacidad de subir sin entrar en deuda demasiado pronto. La mayor parte de las ascensiones de entrenamiento deben ser sostenibles: sentado, tronco quieto, manos suaves sobre el manillar y respiración que aún puedas controlar. Apunta de forma orientativa a 80-90 pedaladas por minuto con un desarrollo ligero. No persigas una cifra si la pendiente cambia; el objetivo es evitar atrancarte. Al levantarte sobre los pedales, hazlo por necesidad, para estirar la espalda o superar un cambio breve de pendiente, no como respuesta automática a cada rampa. Practica cambios de desarrollo antes de que la cadencia caiga. Una subida bien gestionada empieza varios minutos antes de su parte dura.
Durante el bloque específico, basta con una sesión de cuestas por semana para un ciclista popular, siempre que mantengas la salida larga y los días fáciles. Empieza con 3 repeticiones de 8 minutos en una subida regular o con resistencia simulada, a un esfuerzo firme pero controlado, RPE 6-7 sobre 10, dejando 4 minutos muy suaves entre ellas. Progresa hacia 2-3 repeticiones de 10-12 minutos si recuperas bien. No necesitas acabar vacío: debes poder completar la última repetición con técnica estable. En cuestas cortas, incluye 4-6 esfuerzos de 1-3 minutos a RPE 8, con recuperación completa y pedaleo suave después. No juntes ambas sesiones duras en la misma semana si también haces mucho fondo o si notas fatiga acumulada.
La cadencia es una habilidad, no un examen. En una salida fácil de 60 a 120 minutos, rueda de forma cómoda y, tras al menos 15 minutos de calentamiento, añade cada 5 minutos 45-60 segundos de pedaleo ágil. Usa un desarrollo pequeño y sube hacia 110-125 pedaladas por minuto sin rebotar en el sillín ni convertirlo en un esprint. El pulso y la respiración deben seguir bajo control; si el esfuerzo se dispara, baja una marcha de exigencia, no intentes forzar las piernas. Empieza con una hora total y amplíalo gradualmente hasta dos horas si tu plan lo permite. Esta práctica mejora tu capacidad de elegir cadencia cuando una cuesta, el viento o el cansancio intentan imponerte una demasiado lenta.
Para el viento y el llano, entrena constancia. Elige tramos seguros y haz bloques de 10-20 minutos a RPE 5-6, con una postura estable y sin arrancadas al cambiar la dirección del aire. Aprende a aceptar que la velocidad baja con viento de cara: conserva el mismo esfuerzo y no luches contra el velocímetro. En tus fondos, combina una parte de terreno similar al reto con la pauta de alimentación e hidratación que usarás ese día; el perfil modifica cuánto puedes comer y beber, sobre todo en bajadas técnicas. Revisa después dónde perdiste cadencia, dónde tensaste hombros y si tus desarrollos fueron suficientes. Si aparece dolor persistente, mareo o una molestia que altera tu pedaleo, detén la progresión y consulta a un profesional sanitario.
66. Ritmo y control del esfuerzo sin depender de un dato
Un dato te ayuda; no conduce por ti. La potencia responde rápido a cada cambio de pendiente. El pulso refleja cómo está respondiendo tu cuerpo, pero puede subir con el calor, la fatiga, la cafeína, el estrés o una mala noche. La percepción de esfuerzo, o RPE, integra todo eso en tiempo real. Para preparar 160 km, úsala siempre, lleves o no dispositivos. Tu objetivo no es clavar un número durante cada minuto: es llegar a la segunda mitad con piernas, cabeza y alimentación bajo control. Si potencia, pulso y sensaciones cuentan historias distintas, manda la sensación sostenida y prudente, sobre todo al inicio.
Haz una escala simple del 1 al 10. RPE 2-3 es muy fácil: puedes respirar por la nariz gran parte del tiempo y conversar sin cortar frases. RPE 4-5 es tu terreno principal de fondo: respiración algo más presente, pero conversación completa y sensación de que podrías continuar muchas horas. RPE 6 es firme y útil para tramos concretos, aunque ya exige atención. RPE 7-8 es duro: hablas en frases cortas y el coste se acumula rápido. Para una marcha de 160 km, pasa la mayor parte del día en 3-5. Un repecho breve puede llevarte a 6 o 7, pero baja después de forma deliberada. No conviertas cada subida en un examen.
La respiración es tu alarma más fiable. En llano, si dejas de poder hablar con naturalidad durante varios minutos, probablemente vas por encima del ritmo que te conviene. Afloja un desarrollo, suelta hombros y manos, y espera a que la respiración vuelva a ser regular antes de apretar de nuevo. No hace falta parar para recuperar el control: muchas veces basta con pedalear suave durante dos o tres minutos. En una subida larga, busca un patrón respiratorio estable desde abajo. Si sales jadeando para seguir a otro grupo, estás usando energía que necesitarás mucho más adelante.
Vigila también cómo pedaleas. Una cadencia cómoda y redonda suele protegerte de empujar un desarrollo demasiado pesado. En terreno favorable, muchos ciclistas encuentran un buen punto entre 80 y 90 pedaladas por minuto, pero no lo conviertas en una regla rígida. En una rampa, baja piñones pronto y mantente sentado tanto como puedas. Si tu cadencia cae, tus piernas se endurecen y necesitas ponerte de pie una y otra vez, reduce el esfuerzo antes de que el puerto decida por ti. Relajar mandíbula, cuello y tronco ahorra más energía de la que parece.
Entrena este autocontrol en tus salidas largas. Durante tres o cuatro semanas, elige una ruta de dos a cuatro horas y reserva la primera mitad a RPE 3-4, incluso si te sientes brillante. En la segunda mitad, mantén RPE 4-5 y observa si puedes hacerlo sin que la respiración se rompa ni la cadencia se hunda. Añade, si el recorrido lo permite, dos bloques de 12 a 20 minutos a RPE 6, con 10 minutos muy suaves entre ellos. El objetivo no es acabar vacío. Es aprender qué ritmo firme puedes repetir y recuperar. Las salidas importadas de Wahoo o Zwift en TNK te permiten revisar después dónde te aceleraste y comparar ese momento con tus sensaciones.
El día de la marcha, empieza más conservador de lo que te pide la emoción. Los primeros 45-60 minutos deben sentirse casi demasiado fáciles. Deja pasar a quien vaya con otro plan. Divide la ruta en controles sencillos: al final de cada hora, pregúntate si sigues respirando con calma, moviendo una cadencia cómoda y pensando con claridad. Si dos respuestas son negativas, baja el ritmo de inmediato y retoma tu plan de comida y bebida. No esperes a estar vacío para corregir. Acabar fuerte no significa acelerar al final; significa que tu ritmo inicial fue inteligente. Si aparecen dolor inusual, mareo o síntomas que te preocupen, detente y consulta con un profesional sanitario.
77. Comer y beber en ruta: el plan que se entrena
La comida de una ruta de 160 km no se decide al ver la mesa del avituallamiento. Se construye en cada tirada larga. Tu objetivo es simple: llegar con depósitos razonables, aportar energía antes de que falte y terminar sin un estómago revuelto. No necesitas una cena gigantesca la víspera. Elige una cena habitual, con predominio de hidratos, una porción moderada de proteína y poca grasa o fibra si sabes que te ralentizan la digestión. Arroz, patata, pasta, pan o cereal pueden formar la base; acompáñalos con alimentos que ya toleres. Evita convertir la noche anterior en un experimento con picante, alcohol, salsas pesadas o una cantidad de comida que no comerías normalmente.
El desayuno también se ensaya. Tómalo con tiempo suficiente para salir cómodo, y usa alimentos familiares. Como referencia práctica, 1 a 2 g de hidratos por kilo de peso entre dos y tres horas antes funciona para muchos ciclistas populares; si comes más cerca de la salida, reduce la cantidad. Pan con mermelada, avena, fruta madura, arroz o yogur si lo toleras son opciones sencillas. Incluye café solo si ya forma parte de tu rutina. Sal con una botella llena y comida accesible, no enterrada al fondo de una bolsa. Si una salida empieza muy temprano y no entra un desayuno completo, toma una ración pequeña antes y empieza a comer pronto sobre la bici.
En ruta, los hidratos son la prioridad. Para una marcha larga, empieza durante la primera hora, aunque no tengas hambre. Apunta de entrada a 40-60 g de hidratos por hora y reparte esa cantidad en tomas cada 20-30 minutos. Un plátano, un bocadillo pequeño, fruta desecada, arroz cocido, una barrita o un gel son herramientas, no obligaciones. La mejor elección es la que puedes abrir, masticar y digerir mientras pedaleas. Si el plan va bien en salidas de tres o cuatro horas, puedes probar poco a poco cantidades mayores, hasta 60-90 g por hora, sin copiar de golpe lo que hace otro ciclista. Lleva siempre más comida de la que calculas: un retraso, un puerto largo o una parada cerrada cambian el día.
Beber sigue la misma regla: regularidad, no heroicidad. Un punto de partida útil es 500-750 ml por hora en clima templado. Con calor, humedad, mucho sol o una sudoración alta, puedes necesitar 750 ml a 1 litro por hora. No es una cifra rígida: observa sed, calor, frecuencia de paradas y cómo llegas al final de las sesiones. Alterna agua con una bebida que aporte electrolitos e hidratos si la duración o la temperatura lo pide. Llevar una botella de agua y otra con bebida preparada simplifica el plan. Si acabas cada salida con dolor de cabeza, calambres recurrentes, malestar o cambios llamativos de peso, no lo adivines: comenta tu estrategia con un profesional sanitario o de nutrición deportiva.
Entrena el intestino igual que entrenas las piernas. En las semanas de mayor fondo, repite el desayuno, el horario de tomas y los productos que planeas usar en los 160 km. Haz una lista corta: qué llevas al salir, qué compras o recargas en cada parada y qué reservas para el tramo final. Practica comer también cuando el terreno sube, pero elige momentos seguros y fáciles para hacerlo. En una salida de cuatro o cinco horas, prueba un alimento sólido al principio y deja las opciones más rápidas para cuando cueste masticar. Si algo provoca náuseas, hinchazón o urgencia intestinal, reduce la dosis, sepáralo más o cámbialo en el siguiente entrenamiento. No estrenes nada el día del reto.
Al acabar, no hace falta perseguir una ventana perfecta, pero sí reponer. En las dos horas posteriores, toma una comida o tentempié con hidratos y unos 0,25-0,4 g de proteína por kilo de peso. Añade líquidos hasta recuperar la sed y una comida completa más tarde. Por ejemplo, arroz con huevos, un bocadillo con yogur y fruta, o patata con legumbres pueden resolverlo sin complicaciones. El registro de sensaciones importa: hambre, energía, sed, digestión y recuperación al día siguiente. En TNK puedes revisar las salidas importadas y anotar qué funcionó en cada tirada; así tu estrategia deja de ser una idea y se convierte en un protocolo probado antes de tu gran ruta.
88. Material, seguridad y logística de una jornada larga
Una ruta de 160 km no se resuelve con una bici “más o menos bien”. Se resuelve con una bici conocida, silenciosa y revisada antes de salir. Haz la comprobación con varios días de margen, no la noche anterior. Revisa que frenos, cambios y dirección funcionen con precisión; que las ruedas giren rectas; y que no haya holguras en bielas, pedales, tija o manillar. Comprueba también el desgaste de las pastillas y la superficie de frenado. Limpia la transmisión y aplica lubricante adecuado a las condiciones previstas, retirando el exceso. Una cadena ruidosa gasta energía y una transmisión que salta puede arruinarte una subida. Si detectas ruidos, una llanta dañada, cambios imprecisos o cualquier duda mecánica, llévala a un taller con tiempo y prueba la bici después. No estrenes una reparación importante el día del reto.
Las cubiertas merecen una revisión propia. Busca cortes, cristales incrustados, zonas deformadas y desgaste visible. Sustituye una cubierta comprometida antes de la marcha y rueda con ella al menos una vez para confirmar que todo está bien. La presión no tiene una cifra universal: depende de la anchura de cubierta, tu peso, el estado del asfalto, la carga y si llevas cámara o sistema sin cámara. Usa como punto de partida el rango indicado por el fabricante y ajusta en salidas cortas. Demasiada presión castiga manos y espalda, reduce agarre en firme roto y no te protege necesariamente de los pinchazos. Muy poca aumenta el riesgo de dañar la llanta o destalonar. Lleva siempre una solución realista para dos incidencias: dos cámaras compatibles aunque uses sistema sin cámara, parches o mechas si sabes utilizarlos, desmontables, una bomba o cartucho de aire y adaptador, además de eslabón rápido y herramienta múltiple. Practica en casa cómo quitar una rueda y reparar un pinchazo; bajo lluvia o con frío no es momento de aprender.
Vístete para las condiciones que encontrarás durante muchas horas, no para la temperatura al salir de casa. Consulta previsión de temperatura, viento, lluvia y cambios previstos a lo largo del recorrido. Prepara capas que puedas poner y quitar: una prenda interior transpirable, maillot, chaleco o chaqueta ligera plegable y protección para lluvia si el pronóstico la justifica. En frío o lluvia, unos guantes y una capa cortaviento pueden cambiar por completo la experiencia en un descenso. En calor, prioriza ropa transpirable, protección solar y gafas. Prueba antes el culotte, los guantes y las zapatillas que usarás: 160 km amplifican una costura, un roce o una cala mal ajustada. Lleva identificación, teléfono con batería, algo de efectivo o tarjeta, y un contacto de emergencia. Las luces delantera y trasera cargadas son una medida de visibilidad útil incluso de día; si habrá amanecer, anochecer, túneles o mal tiempo, son obligatorias en la práctica. Comprueba las normas locales sobre iluminación y circulación.
Estudia la ruta como si fueras a conducirla mañana. No basta con saber la distancia. Localiza el desnivel, las subidas largas, los descensos técnicos, las zonas expuestas al viento, los cruces complejos y los tramos sin servicios. Guarda el recorrido en el dispositivo y lleva el teléfono con el mapa disponible sin cobertura si es posible. En TNK puedes consultar rutas de ciclismo en tnk.training/rutas, pero contrasta siempre el trazado con avisos locales, obras y cortes actuales. Marca los avituallamientos, fuentes, tiendas y localidades donde puedas parar. Decide qué llevarás desde el inicio y qué repondrás, sin basar todo el día en un puesto que quizá esté lleno, cerrado o con productos que no toleras. Si la salida es organizada, lee la información de horarios, puntos de control, aparcamiento, recogida y asistencia. Deja preparado el transporte de vuelta y avisa a alguien de tu recorrido y de tu hora estimada de llegada.
Tu plan de seguridad debe incluir una salida, no solo una meta. Antes de arrancar, marca dos o tres puntos donde sea sencillo acortar la ruta: una estación, un pueblo, un cruce principal o el lugar donde pueda recogerte alguien. Identifica también dónde podrías refugiarte si llega una tormenta. Si pinchas, aléjate por completo de la calzada, evalúa la cubierta antes de montar la cámara nueva y revisa que no quede dentro el objeto que provocó el agujero. Si el problema no se resuelve con calma en unos minutos, usa tu plan B: llama, busca un taller o vuelve por una alternativa segura. Ante una caída, dolor importante, mareo o un problema de salud, detente y busca atención sanitaria; terminar no compensa agravar una lesión. La logística bien hecha no te hace menos aventurero. Te permite pedalear con cabeza, disfrutar del recorrido y reservar tu energía para lo que importa: llegar fuerte y seguro.
99. La última semana: llega fresco, no más en forma
La última semana no sirve para ganar forma. Sirve para dejar que aparezca la forma que ya has construido. Si tu marcha es el domingo, reduce el volumen desde el lunes, pero conserva algunos recordatorios de intensidad. Haz dos salidas fáciles de 45 a 60 minutos a RPE 2-3, con cadencia suelta. En una de ellas incluye 3 bloques de 2 minutos a RPE 6, separados por 3 minutos muy suaves. No son series para cansarte: son un aviso para las piernas. El resto, descanso o movilidad ligera. Nada de una ruta larga “para comprobar”. Esa comprobación llega tarde y puede robarte frescura.
A tres o cuatro días del reto, deja resuelto todo lo que pueda generar decisiones el domingo. Revisa cubiertas, presión adecuada para tu peso y terreno, estado de la cadena, frenos, cambios, luces y cierre de ruedas. Si cambias una pieza o haces una reparación, prueba la bici en una vuelta corta antes del evento. Prepara dos kits: uno para la bicicleta y otro para ti. En el primero van cámaras o sistema de reparación compatible, bomba o cartucho, desmontables, multiherramienta, eslabón rápido y dinero o tarjeta. En el segundo, ropa según la previsión, capa ligera para descenso o lluvia, documentación, teléfono cargado y comida. No estrenes sillín, culotte, zapatillas, guantes ni cubiertas esta semana.
Lee con calma la información de la marcha: hora y lugar de salida, acceso, aparcamiento, recogida de dorsal si la hay, puntos de agua, horario de cierre y plan de vuelta a casa. Mira el recorrido una última vez para identificar las subidas largas, los tramos expuestos al viento y el punto aproximado en el que empezarás a notar fatiga. Decide por adelantado qué harás ahí: bajar un desarrollo, comer antes de tener hambre, rodar cinco minutos a un esfuerzo más bajo o parar a rellenar bidones. Tener un plan sencillo reduce el ruido mental. Si el calor aprieta, lleva más líquido y sales dentro de lo que ya toleras. Si refresca o amenaza lluvia, prioriza capas que ya hayas usado.
La cena previa debe ser conocida, suficiente y fácil de digerir. No hace falta una montaña de pasta ni una recompensa enorme por el entrenamiento. Construye un plato habitual con una base generosa de hidratos, una porción moderada de proteína y poca grasa: arroz, patata, pan o pasta con una proteína que toleres y verduras cocinadas sencillas. Si has practicado una ingesta alta de hidratos, puedes orientar el día hacia 6-8 g de hidratos por kg de peso, repartidos en comidas normales; si no, no intentes cambiar tu forma de comer de golpe. Evita excesos de alcohol, picante, fritos y alimentos que sabes que te hinchan. Deja listo también el desayuno y la comida para después de terminar.
Desayuna lo que ya funcionó en tus salidas largas, idealmente entre dos y tres horas antes. Como guía práctica, toma 1-2 g de hidratos por kg de peso si ese margen te sienta bien, y ajusta la cantidad a tu experiencia. Café, bebida habitual y sales: sí, si forman parte de tu rutina; no, si son un experimento. Bebe con normalidad desde el día anterior, sin forzarte a tomar litros de más. Deja los bidones llenos, las porciones de comida contadas y accesibles, y una opción extra en el bolsillo. La tranquilidad de saber que llevas lo necesario vale más que improvisar en el último minuto.
Es normal dormir peor la víspera. No conviertas una noche imperfecta en un problema mayor: el descanso de las semanas anteriores pesa mucho más. Mantén una hora razonable para acostarte, cena con tiempo, baja las pantallas y prepara todo antes de sentarte a desconectar. Si estás nervioso, escribe en una nota tres tareas para la mañana y tu primera hora de ruta: llegar con margen, salir suave y empezar a comer pronto. Respira, escucha música o lee si eso ya te relaja. No pruebes suplementos, estiramientos ni rituales nuevos. El sábado, una vuelta de 20-30 minutos muy fácil puede despejarte, pero termina con ganas de más. El objetivo al acostarte no es sentirte perfecto; es estar listo para pedalear con calma.
1010. Día de marcha y recuperación: ejecuta, aprende y repite
El día de tus 160 km no se gana en los primeros 20. Sal con una idea muy clara: los primeros 60-90 minutos deben parecer demasiado fáciles. Pedalea a un esfuerzo de RPE 3-4 sobre 10, capaz de hablar con frases completas. No persigas a quien sale rápido, no conviertas cada repecho en una prueba y no gastes fuerzas para demostrar nada. Tu objetivo es llegar al último tercio con piernas, cabeza y estómago funcionando. Si vas en grupo, elige uno cuyo ritmo te deje margen. Si el grupo acelera y te obliga a respirar con dificultad, déjalo ir. Tu marcha empieza cuando otros empiezan a pagar sus excesos.
No improvises la comida ni la bebida. Empieza a ingerir energía pronto, incluso si aún no tienes hambre, y mantén una pauta de comida cada 45-60 minutos. Lleva porciones sencillas, conocidas y fáciles de abrir mientras ruedas o durante una parada: fruta, bocadillos pequeños, barritas, geles o alimentos salados que hayas probado entrenando. Como referencia práctica, muchos ciclistas populares toleran 30-60 g de carbohidratos por hora; empieza por la parte baja si es nuevo para ti. Bebe con regularidad y ajusta según el calor, el viento y cuánto sudas. No estrenes productos ni intentes compensar una mañana de poco desayuno comiendo de golpe en el kilómetro 100.
Las paradas son parte de la estrategia, no un descanso sin fin. Antes de parar, decide qué necesitas: rellenar bidones, ir al baño, comer y salir. Aparca, hazlo en ese orden y vuelve a rodar. Una parada larga enfría el cuerpo, endurece las piernas y hace más difícil recuperar el ritmo. Si vas con compañeros, acordad un límite sencillo, por ejemplo 10 minutos en una parada corta y algo más solo si hay comida real o un imprevisto. Aprovecha para revisar que tienes agua, alimento suficiente para el siguiente tramo, móvil, herramientas y la ruta correcta. Luego vuelve a arrancar suave durante varios minutos.
Habrá momentos malos. Un puerto puede parecer interminable, puede aparecer hambre repentina o puedes sentir que faltan demasiados kilómetros. Primero baja una marcha y reduce el problema: llega al siguiente cruce, corona ese tramo, completa los próximos 10 minutos. Come y bebe si te toca o si has dejado pasar una toma. Mantén las piernas girando con poca presión, aunque avances despacio, y dale tiempo a tu cuerpo para responder. No tomes decisiones dramáticas en el primer minuto de un bajón. Pero sí presta atención a señales serias: dolor agudo, mareo persistente, confusión, escalofríos intensos o una molestia que cambia tu pedaleo. Para, busca ayuda y consulta a un profesional sanitario si hace falta. Terminar nunca vale más que tu seguridad.
Al acabar, celebra primero y analiza después. Durante las horas posteriores, sigue bebiendo según la sed y come una comida completa con carbohidratos, proteína y alimentos que te apetezcan. Una orientación útil es incluir unos 0,25-0,3 g de proteína por kilo de peso en una de tus comidas de recuperación, junto con carbohidratos para reponer energía. No necesitas castigarte con restricciones ni “ganarte” la cena. Prioriza dormir pronto y todo lo que puedas. Al día siguiente, valora cómo amaneces. Si solo hay cansancio y rigidez normal, un paseo muy suave de 30-45 minutos, sin apretar los pedales, puede sentarte bien. Si estás muy cargado, descansa. Espera varios días antes de volver a una sesión intensa.
La mejora real sale de una revisión honesta. En las siguientes 24-48 horas, apunta qué ocurrió en cuatro áreas: ritmo, comida y bebida, logística y sensaciones. Escribe dónde empezaste a apretar de más, qué alimento te entró mejor, cuántas veces paraste, qué te faltó en los bolsillos y cómo respondió tu cuerpo en los últimos 40 km. Puntúa cada área del 1 al 10 y elige una sola mejora prioritaria para la próxima salida larga. Puedes importar tu ruta de Wahoo o Zwift en TNK, revisar el recorrido y contrastar lo que sentiste con lo que hiciste. Después no persigas inmediatamente otra gran distancia: recupera, vuelve a una semana normal y decide si tu siguiente objetivo será repetir los 160 km con más control, buscar más desnivel o preparar una ruta de ciclismo nueva.
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Preguntas frecuentes
¿Cuánto tiempo hace falta para preparar una marcha de 160 km en bici?
Una referencia práctica es disponer de 12 semanas consistentes, aunque depende de tu base actual, el desnivel, el clima y las horas reales que puedas entrenar. Si vienes de un parón, evita comprimir la preparación. Antes del reto, conviene haber completado una salida de entre la mitad y cuatro quintas partes del tiempo previsto para la marcha.
¿Cuántos días y horas por semana tengo que entrenar para hacer 160 km?
El rango planteado es de 4 a 6 días de bici y unas 5 a 12 horas semanales, pero no es una obligación rígida. Depende de tu punto de partida, la ruta y el tiempo disponible. Si ahora solo puedes hacer dos salidas cortas, progresa desde ahí y prioriza una salida larga semanal, rodajes fáciles y descanso.
¿A qué ritmo debo entrenar para aguantar 160 km en bicicleta?
La mayor parte del entrenamiento debe hacerse a un esfuerzo conversacional, aproximadamente RPE 3-4 sobre 10: puedes hablar en frases completas y terminas con sensación de poder continuar. En las subidas, cambia antes de que el esfuerzo se dispare. Reserva los esfuerzos intensos para sesiones concretas y evita convertir cada salida en una prueba.
¿Qué debo comer y beber durante una marcha ciclista de 160 km?
Come y bebe antes de tener hambre o sed, y prueba durante los entrenamientos toda la estrategia de avituallamiento. Revisa qué ofrecen los puntos de la marcha, pero lleva suficiente comida y agua para cubrir un tramo más largo de lo previsto. También debes probar previamente la ropa, el material y la forma de transportar todo.
Fuentes
Escrito por K, el coach con IA de TNK, a partir de los hechos que cuentan estas fuentes, con controles automáticos para no copiarlas. No es consejo médico. ¿Ves un error? Escríbenos a hello@whyomink.com.
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